Ruido
Hay mucho ruido en la ciudad de humo. Hace poco que me trasladé aquí. Las calles y el metro abarrotados, los centros comerciales, los edificios altísimos… Ahora forman parte de mi vida cotidiana. No es difícil acostumbrarse. Sólo si no quieres acostumbrarte. Antes me decían que ya vería, que no es tan pintoresca como parece, que es más simple. Pero a mí me sorprende cada día. No estoy acostumbrada todavía a ver una pareja peleándose y nadie haciéndoles caso, ni ver a pobres mendigando en el helado invierno. Ni tampoco tener todo lo que quiero a escasos minutos. Es una sensación rara. Agradable, pero rara.
Me encaminaba a mi rendez-vous con un amigo con los auriculares sobre mi nuca. Él ya vivía aquí mucho tiempo, unos doce años. Cuando me instalé aquí fue él que me ayudó a acostumbrarme a esta nueva vida de independiente. Me ayudó con muchas cosas. Nos solíamos ver para tomar unas cañas o para desfasar sobre lo que fuera. El reloj que me regaló mi madre hace mucho tiempo y que todavía no he cambiado marcaba las seis menos siete minutos. Llegaría a tiempo. Odiaba llegar tarde. De camino al metro me crucé con un perro mordisqueando un trozo de carne, una chica gritando al teléfono blasfemias y un mendigo gritando a los cuatro vientos que pronto llegaría el fin del mundo. No me llamaron especialmente la atención. Quizás me estaba acostumbrando a estas cosas más rápido de lo que pensaba.
Bajé al metro. No tuve que esperar más de un minuto para que llegara. Todos subimos y algunos bajaron. Conseguí sentarme en un asiento. Volví a oír la voz de la chica, seguía gritando al teléfono. Me acordé de que llevaba los auriculares y me los puse. Pink Floyd inundó mis oídos. Sonreí al ver a la gente gesticulando y moviendo los labios pero no oyendo lo que decían. Menos a la chica, que seguía gritando a grito pelado. Me estaba poniendo de los nervios no poder escuchar mi música sin oír su voz chirriante llena de odio y angustia.
Me levanté de mi asiento, mi parada era la próxima. La chica bajó antes que yo. Será posible que me seguirá hasta ponerme de verdad de los nervios, pensé. Subí el volumen de la música e intenté olvidar el ruido que semejante pava emitía. Creo que discutía con su novio, bueno, a cada segundo parecía convertirse en otro ex novio más de una putilla como aquella. Me harté de sus putos gritos. Cogí el teléfono y se lo tiré contra una pared. No oí lo que me gritaba. Me quité los cascos:
- …res idiota o qué? ¿Qué coño te pasa?
- Me tocas los cojones con tanto grito.- ¿Pero de qué vas? - me gritó cuando vio mi mirada de diversión.
- Curiosa pregunta esa. Verás, me encaminaba yo tan tranquilamente hacia una cita con un amigo. Pero tú tuviste que cambiarme el humor. Tú y tus gritos. Ni poniéndome la música dejaba de oír tus putos gritos – hice una pausa larga mientras avanzaba hacia ella. Nadie nos prestaba atención, todos estaban ocupados con sus tareas -. Así que ahora, puta, vas a gritar, pero no de la manera que desearías.
- Pero…. ¿qué coñ- alcanzó a decir cuando le cogí el cuello con la intención de romperlo en dos.
Mi palma se crispaba alrededor del cuello de la puta que tanto me había tocado los cojones. La llevé a una calle adyacente para que nos dejaran en paz. Aunque nadie nos hacía caso. Miré mi reloj, las seis y cuatro minutos. Estaba llegando tarde.
- Jodida puta. Encima me haces llegar tarde… - dije sonriente.
La tiré al suelo, la chica gemía e intentaba gritar… sin éxito, mi mano se había hundido demasiado en su cuello. La pobre intentaba huir… Yo dejaba que se ilusionase. Me gustaba verla arrastrándose por el suelo. Al fin dejé de jugar y la levanté. Cogí su cabeza con su pelo rubio perfecto y la estampé contra los ladrillos. Bonito ruido el de su cráneo contra la pared. Hice esto varias veces, sólo para hacerla sufrir, para que deseara estar muerta. Pero no la iba a matar, no. Sólo le iba a enseñar modales.
- No se puede ir gritando así por la calle, mujer. Una mujer como tú tiene que ser discreta – dije con voz irreconocible y dulcemente suave mirando con satisfacción su bonita cara llena de sangre. ¿Algo malo habrá hecho el capullo de uno de tus novios, no? Concédele el beneficio de la duda – le susurré antes de dejarla caer otra vez al suelo para ir a mi cita. ¡Y ve al médico, tienes mala cara! - dije mientras me alejaba con una carcajada.
Volví a mirar mi reloj, las seis y diez minutos. Si no llegaba pronto me llamarías para preguntarme dónde estaba. Jodida puta, pensé. A ver si ahora se calla. Tenía mis guantes llenos de su sangre. No importa, volví a decirme. Ya se lavarán. Los metí en la mochila y antes de emprender de nuevo mi camino me puse los auriculares. Tool salió de ellos con muchísima intensidad. La ciudad volvía a silenciarse detrás de mi música.
Llegué a la cafetería donde habíamos quedado. Te vi esperándome y enseguida me disculpé:
- Tuve un pequeño percance por el camino. Lo siento.
- No te preocupes.- No me apetece irme por ahí. ¿Vamos a mi casa?
- Me parece perfecto.
Me cogiste de la cintura y me besaste en la mejilla. Sonreí. No era tan difícil acostumbrarse a esta ciudad después de todo.
Dedicado a A.


Señoras y señores, con todos hustedes: Céline Morgan*.
* http://es.wikipedia.org/wiki/Dexter
Comment by NeoRazorX — January 21, 2008 @ 9:39 pm
Juas juas, si es que la gente carece de modales xD .
Por cierto, sigues subiendo el nivel ^ ^
Comment by Inagotable — January 22, 2008 @ 2:55 am
NeoRazorX—> ¡Yo conocía esos libros antes que vosotros la serie! Quizás me parezca xDD
Inagotable—> Gracias :D
Comment by Cél... — January 22, 2008 @ 7:48 pm
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Comment by wyfade — January 22, 2008 @ 8:24 pm
me cago en diez, me acabas de pervertir a Pink Floyd…
pásate por mi bloj, que tengo algo xa tí…
Comment by El santo Job — January 23, 2008 @ 2:56 pm
No le gritaré a Cél bajo ninguna circunstancia. No le gritaré a Cél bajo ninguna circunstancia. No le gritaré a Cél bajo ninguna circunstancia. No le gritaré a Cél bajo ninguna circunstancia. No le gritaré a Cél bajo ninguna circunstancia. No le gritaré a Cél bajo ninguna circunstancia. No le gritaré a Cél bajo ninguna circunstancia. No le gritaré a Cél bajo ninguna circunstancia…
Comment by Fran J — January 23, 2008 @ 6:32 pm
El santo Job—> A me pervirtió mi amigo Felipe. Supongo que tenía que meter a alguien como él lo hizo conmigo ;)
Fran J–> ¡50 veces, lo quiero ver en la libreta escrito!
Comment by Cél... — January 23, 2008 @ 7:50 pm